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Boletín Psicología UDP, Nº38, Agosto 2018
   
 
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Actualidad en Psicología
 

"ABUSO Y RELACIONES DE PODER: ¿CÓMO CUENTA EL OTRO HOY?

Por Mag. Nelson Espinosa, Docente Magíster en Psicología mención Teoría y Clínica Psicoanalítica UDP.


 

El abuso sexual se ha instalado en el último tiempo como una de las principales problemáticas de la contingencia nacional. Las demandas feministas surgidas en el marco de instituciones educativas y el develamiento de reiterados casos, ocultados y amparados al interior de la iglesia, dan cuenta de esto. Se trata de formas y contextos muy distintos que, sin embargo, no imposibilitan un análisis compartido.

El abuso sexual no es una realidad nueva, lo que marca una diferencia hoy está dado en buena medida por la visibilidad mediática que adquiere y sus efectos en la interacción social. Proliferan casos en distintos ámbitos de la cotidianidad (educación, clero, televisión). Se trata de una problemática que nos empuja a interrogar aspectos sociales y espacios de convivencia que, sin planteárselo, pudiesen alojar dicha modalidad relacional.

Desde el psicoanálisis y, puntualmente desde los aportes de Sigmund Freud, podemos considerar que lo que la relación de abuso recrea en primera instancia, es una situación de desamparo en la que todo bebé se encuentra respecto del adulto. El niño depende radicalmente de quien ejerce su cuidado, debiendo para sobrevivir, someterse a la arbitrariedad de las respuestas de aquel Otro. Por su parte, el adulto está en posición de ejercer diversas formas de violencias, de abusar de aquella corporalidad dócil.

El desamparo y la dependencia primaria nos otorgan pautas de lectura para abordar, por una parte, aquellas situaciones en que un sujeto queda a merced de otro, y por otra, aquellas en que, haciendo uso de dicha disimetría, posibilitan que el abusador ejerza su poder. El abusador es aquel que, amparado por una situación privilegiada sea intelectual, espiritual o física, desconocerá elementos del lazo social en post de su satisfacción, dará un paso más.

En el caso de la relación niño/adulto, resulta problemático cómo el cuerpo del niño concierne al adulto en la medida que éste aparece como objeto de aspectos tiernos, pero también sexuales. Si el adulto logra distinguir entre lo tierno y la pasión sexual (más bien del lado del erotismo), podrá dar lugar al tránsito del niño desde el desamparo y la dependencia, a la asunción de una posición en el ámbito sexual. El psicoanalista húngaro Sandor Ferenczi (1933) nos indica que “la confusión de la ternura del niño con los deseos de una persona madura sexualmente” podrá conducir a actos sexuales transgresores. Será entonces la renuncia al goce personal, en atención a la diferencia del otro, lo que podrá amparar un vínculo medianamente pacífico.

El malestar actual plasmado en las demandas feministas y las denuncias por abusos sexuales no es reducible a esta matriz, decir eso sería desconocer una serie de acontecimientos histórico/políticos que han posibilitado una distribución desigual del poder, naturalizando y silenciando relaciones abusivas. Se trata hoy de interrogar las condiciones simbólicas y materiales que pudiesen albergar patrones relacionales abusivos. Ese lugar que pudiese ser, potencialmente abusivo, es lo que se pone en cuestión.

Dentro de las demandas feministas se ha dejado entrever la apelación al hombre a renunciar a un lugar de privilegio histórico. Convendría atender que una forma de relación hombre/mujer civilizada, implica considerar cómo el lugar propio está condicionado en función de aquel otro diferente y por ende, interpela como nos relacionamos con aquella alteridad que pone en juego aspectos propios, que nos constituyen, pero que paradójicamente desconocemos. Así las múltiples denuncias de abuso sexual interrogan la ley en su dimensión jurídica, pero también en su aspecto simbólico, es decir, en aquello que hace lazo y condiciona las posibilidades de intercambio entre hombres y mujeres.

Es efectivo que para que no exista impunidad en casos de abuso la jurisdicción debe tener un lugar claro, mas ¿Se agotan las demandas actuales en un proceso judicial? ¿Puede haber una salida posible de dichos conflictos sin que ambos registros de la ley sean interrogados?

Los efectos políticos y sociales de las demandas feministas plantean interrogantes que hoy son imposibles de contestar, sin embargo, nos interpelan respecto de múltiples relaciones donde la disimetría puede tornarse abuso, incluso, abolición del otro. La condición de género, la pobreza, la diferencia racial, la infancia, son como diría Michael Foucault, cuerpos donde el poder puede ejercerse de manera particular.

Sigmund Freud en su texto de 1921, “Psicología de las masas y análisis del yo”, nos señala que “En la vida anímica del individuo el otro cuenta, con total regularidad, como modelo, como objeto, como auxiliar y como enemigo”, se trata de una propuesta muy actual respecto de cómo el otro nos concierne en su diferencia radical. Ante todo, constituye una interrogante ética y política por el lazo social (que siempre implica al menos una diferencia) en un contexto donde el abuso ha abandonado su lugar silente.   

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